Primeros días de primavera.

Aunque sigue haciendo frío los días son mucho más luminosos y se agradece pasear escuchando a los pajarillos. El bosque ha comenzado a despertar calentado por un sol algo tacaño en cuanto a calor pero muy generoso con su luz. 

Y es esa luz la que intento capturar en mis fotos, esa energía sin límite que transforma todo y que hace que todo comience de nuevo. 

El ciclo de la vida. Flores por doquier, las hormigas que empiezan a reabastecer el almacén, los pájaros que construyen sus nidos, los vecinos y sus barbacoas…
Pasear y sentir los rayos de sol que se abren camino entre las ramas de los árboles. Respirar aire fresco, revitalizante. Observar, contemplar, solazarse…

Disfrutad de la primavera allá donde estéis.

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Caminar.

Acabo de leer un artículo ( http://pijamasurf.com/2014/04/sobre-salir-a-caminar/)  y no puedo estar más de acuerdo.

Cuando salgo a caminar lo hago con la intención de olvidarme de todo lo superficial y concentrarme en lo pequeño, en los detalles, en las cosas que quizás la estresante vida moderna no nos permite. Cuando camino, cuando camino solo para ser exactos, ñunça estoy solo. Cuando camino, camino acompañado de los recuerdos, de las imágenes de la gente que no tengo cerca. Cuando camino, me invento gente que camina conmigo y tenemos algunas a conversación filosofía de cuando en cuando. Cuando camino, camino solo, contemplando el paisaje, pensando en lo bella que es la naturaleza y lo afortunado aro que soy al tenerla a la vuelta de la esquina. Cuando paseo, también fotografio, y en los paisajes que contemplo también me invento historias y pienso como ha podido ser que el paisaje sea así o asá. Cuando camino, respiro hondo y lleno mis pulmones de naturaleza, y me lleno de verde y de marrón y del resto de colores. Y al llenarme de naturaleza el día a día es más llevadero.

Caminar para mí es vivir y soñar despierto y ser consciente de lo afortunados que somos los humanos que amamos la naturaleza.

Caminar también es fotografiar, ambas actividades están íntimamente unidas para mí. Caminar y fotografiar, soñar y contemplar, respirar hondo y encuadrar. Caminar, fotografiar, vivir.
Durante el paseo de hace unos días hice unas cuantas fotos panorámicas que os enseño a continuación.

He dejado para el final mi foto favorita de esta sesión. 

Pasear todo lo que podáis, soñar todo lo que podáis.

Raíces.

La mayoría de mis raíces han crecido en España, allí nací y crecí. Todos mis recuerdos conformar un extenso e intrincado mapa de ya cerca de 47 años. Las raíces más antiguas y, por lo tanto, más profundas, constituyen la base de lo que hoy soy. Me siento afortunado de tener un hermano mayor que como hobby nos fotografiaba cuando Emilio y yo éramos pequeños. Esa fototeca me ayuda a comprender mejor de donde vengo. 

La familia nos empieza a dar forma, nos moldea. Algunas veces encajamos, otras sin embargo rompemos el molde y es ahí donde empezamos a ser nosotros mismos, únicos e inimitables. Ahí es donde comenzamos a echar otro tipo de raíces. Las raíces de las experiencias que continúan conformando nuestro yo y nos ayudan a descubrir algunos de los valores que perdurarán toda la vida. La amistad, la lealtad, la honradez… Algunos cortan esas raíces para crecer otras más rápidamente, las mías permanecen intactas. 

Yo, como otras muchas personas en algún momento de su vida, me autotrasplanté a otro lugar. Al principio no es fácil, la nueva tierra puede ser dura y a nuestras raíces les resulta difícil adaptarse al nuevo entorno. Al cabo de un tiempo y con ayuda de algunos nativos que nos enseñan a manejar el nuevo sustrato, nuestras viejas raíces se van acomodando a la par que las nuevas raíces crecen y se fortalecen. 

Nuevas raíces crecen continuamente pero hay que seguir alimentando a las más viejas para que no se sequen y desaparezcan. Las raíces no se ven, están ocultas dentro de nosotros. Lo que se ve y lo que otros aprecian de nosotros es la muestra de lo bien o mal que cuidamos nuestras raíces. 

Yo sigo manteniendo vivas mis raíces a través de miles de imágenes que conservo en mi propia memoria y en la del disco externo de 1 TB (que uno ya se va haciendo mayor), y que de vez en cuando vuelvo a mirar para seguir mi camino sin olvidar de dónde vengo.

Para mi las raíces más importantes son las que representan a la familia. Las más sólidas son las de mis padres, mis hermanos y sobrinos, mis tías y tíos, mis primas y primos y mis amigos.

Todo lo anterior viene a cuento de unas cuantas imágenes de Asturias (Cangas de Narcea y Corias), Granada (Dúrcal) y Madrid que revivieron esa raíz, la de la familia, profunda y muy importante para mí.

Las he reeditado y ahora las muestro con mucho cariño.

Asturias 2009.

Granada 2010.

Madrid 2010.

Ahora unas cuantas imágenes de mis raíces más recientes, éstas están empezando a consolidarse aquí en Suecia. Aquí me autotrasplanté en 2013 y desde entonces crecen saludables unas cuantas raíces nuevas. Entre ellas, las más importantes para mí, las de la familia. Ahora las de mi propia familia que crecen entrelazándose y compartiéndose con las de mi familia española. Eso sí, las raíces no entienden de fronteras.
Suecia 2017.

Dedico este post a mis hermanos.A Manolo por inspirarme para escribir este post con símiles de raíces, sustratos, tierras y todo eso que el controla y explica tan bien de sus bonsáis. Y a Emilio por ayudarme a mantener mis más importantes raíces frescas. ¡Va por ustedes!

Decoración de pascua.

En Suecia durante la pascua se celebra la vida. Después de un invierno frío y oscuro la primavera trae la luz y la naturaleza renace después de varios meses de letargo. Una de las tradiciones es decorar huevos, los niños son los que se dedican a pintarlos de vivos colores. Los hijos de Mia ya no son unos críos y desde hace varios años ella es la que se dedica a decorar, con la ayuda de Sofía, la casa para celebrar la  pascua. Este año Mia y Sofía me han sorprendido con una forma muy chula de decorar los huevos. Es una manera efímera y práctica, a la par que artística, de decoración.

Os explico primero la parte artística, para ello necesitaremos:

-huevos (Mia ha utilizado 8)
-la capa externa de varias cebollas
-papel de aluminio

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Sobre una lámina de papel de aluminio colocamos la peladura de cebolla alrededor del huevo y cerramos.

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A continuación colocamos los paquetitos en una cacerola y los cocemos.

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Una vez que los huevos están cocidos, los dejamos enfriar y al desenvolver los paquetitos encontramos esta chulada.

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Decorados con unas ranuras que recogimos en el bosque al lado de casa, esta alegoría de la primavera y la vida decoran la mesa de la cena de pascua. Esta es la parte efímera y práctica pues los huevos nos los hemos comido junto a otros manjares típicos de la ocasión y que han consistido en salmón ahumado, arenques en diferentes salsas, mi favorita es la de mostaza, patatas cocidas y un montón de dulces (chuches).

Paseos fotográficos.

Como ya sabréis a mí me gusta pasear. Aunque llevo unos meses sin escribir en el blog sigo paseando. Otra cosa es fotografiar, el trabajo que tengo me deja poco tiempo para mí actividad favorita junto a pasear.

En invierno aunque nieve o haga frío paseo por el bosque cerca de casa, en una de las ocasiones había mucha nieve y un silencio entre sepulcral y acogedor que me gusta sentir en la piel al igual que el frío, el frío que me hace sentir vivo y refresca mis ideas. Hace varios meses que todas mis fotos son panorámicas. Fotografía panorámica, en eso estoy muy interesado, consiste en tomar varias fotografías de una escena y después unirlas para conformar una imagen más grande. De esos paseos salieron estas fotos.

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Aunque el blanco y negro es mi preferido, de vez en cuando no viene mal un poco de color.

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De vez en cuando también fotografío lugares del pueblo donde vivo que me parecen interesantes, como la antigua zona industrial o el puerto deportivo.

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Y hablando del trabajo, una vez al mes acudo a la oficina para dejar los informes de mi actividad durante el mes y después aprovecho para dar un paseo cámara en ristre. Estocolmo es uno de los lugares donde paro un ratillo y doy un paseo y fotografío. En esta ocasión con el lago helado tomé estas imágenes.

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No está mal un poco de color de cuando en cuando.

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El jueves pasado, de camino de vuelta de la oficina, bajé del metro en la estación “Skogskyrkogården”,  había oído hablar de este cementerio al sur de la provincia de Estocolmo y decidí echar un vistazo. Debo admitir que me sorprendió muy gratamente el paseo, es un cementerio diferente las tumbas están situadas en un bosque rodeadas por cientos de árboles. Un lugar perfecto para meditar y recordar a los que ya no están. Yo no tengo a ningún familiar enterrado aquí, pero durante el paseo me acordé de los que abandonaron este mundo pero que siguen vivos en mi recuerdo y en mi corazón.

Para que os hagáis una idea en el cementerio hay unas 100.000 tumbas en una extensión de 100Ha. Hay diferentes capillas repartidas por el recinto y es patrimonio de la humanidad de la Unesco.

Tengo pensado regresar de nuevo en primavera, seguro que la visita merece la pena.

Muy cerca de la entrada del recinto está la colina de los olmos (Almhöjden). La escalera lleva hasta el bosque de la meditación (Meditationslunden).

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La entrada a una de las capillas.

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Y el cementerio.

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La gran ciudad.

He visitado alguna, he vivido en una y ahora vivo cerca de una. De las primeras, por ejemplo Londres o Nueva York,  me gustan porque es imposible conocerlas en su totalidad en una primera visita, se necesitan muchas visitas para descubrir sus rincones. Son tan grandes que uno puede dejarse el presupuesto en transporte público o en calzado si a uno le gusta patearse las calles. El caso es que yo siempre disfruto andando y viendo en vivo lo que he visto en foto o en una película o en la tele muchísimas veces, y sentir ese dejavu, esa sensación de haber estado antes aunque sea la primera vez. Y luego perderse por otras zonas menos televisadas o filmadas pero igual o más interesantes. Y descubrir lo genuino de la ciudad, a veces menos bonito, en términos estéticos, pero mucho más interesante y real. De todas formas a mi lo puramente estético no me llena completamente, mientras que lo cotidiano me interesa y me gusta mucho más.

Vivir en Madrid durante prácticamente toda mi vida me ha hecho querer salir de allí, ser testigo de como ha crecido, en exceso según mi opinión, ha hecho que sea menos habitable pero no menos visitable. Demasiada gente, demasiado ruido, y últimamente demasiada contaminación. El caso es que me gusta visitarla y siento curiosidad por saber como va cambiando. Cuando uno está dentro no se da cuenta, todo cambia progresivamente y uno se acostumbra casi sin notarlo. Visitar Madrid es algo que seguiré haciendo.

Ahora vivo cerca de Estocolmo, es una ciudad mucho más pequeña que las anteriores, no llega al millón de habitantes. A pesar de ello siento el mismo agobio que en ciudades más grandes, en las zonas turísticas y comerciales existe la misma aglomeración.

Hasta ahora había visitado las zonas más turísticas y conocidas. Estocolmo es una ciudad muy bonita. El casco viejo (Gamla Stan) es una maravilla arquitectónica, pero las zonas más modernas y vanguardistas también son fantásticas. A partir de ahora quiero visitar el resto de la ciudad y ver como es de verdad. Con estas primeras fotos panorámicas pretendo mostrar ese otro lado de la ciudad menos conocido pero igual de interesante. Es hora de salir del circuito turístico y perderse por los barrios.

En esta primera entrega he fotografiado zonas de la ciudad que ya conocía desde lugares que no conocía y que ofrecen vistas fantásticas y/o interesantes de la ciudad. En próximas entregas visitaré zonas menos famosas, las que no aparecen en las guías turísticas. Espero que el resultado os guste. Yo disfruté mucho, a pesar de las agujetas de hoy, del paseo de ayer.

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Paseo y fotografía.

Después de una corta visita a Madrid a primeros de noviembre por el cumpleaños de mi madre y después de visitar a la familia (no me ha dado tiempo a más) me he dado cuenta de algo que aunque ya sabía nunca había visto desde la perspectiva de la distancia y que nunca había comparado de una forma tan directa como ahora. El Ruido (ruido con mayúsculas, sí) algo de lo que andan sobrados en Madrid.

Cuando vivía allí también me molestaba bastante y cuando viajaba a otro lugar, menos densamente poblado por humanos y vehículos a motor casi en la misma proporción, encontraba la anhelada paz que existe en el silencio. El sonido, algo claramente diferenciado del ruido, del aire en las ramas de los árboles, el agua de algún riachuelo corriendo, los pasos crujientes sobre la hojarasca caída y seca en otoño… Todo eso que doy por hecho ahora lo he hechado de menos en Madrid, y mucho. Después de vivir en Madrid “toda mi vida” y de creer ser un urbanita me he convertido al ruralismo.

Quizás no haya salas de cine donde yo vivo, es una lástima perderse todas esas maravillas de Hollywood, que le vamos a hacer. Cada mañana asisto a la premiere de los cantos de los pájaros y al sonido del viento, la lluvia, el sol, la nieve o lo que se tercie.

Una vez expuesto lo anterior, comentar que los paseos fotográficos y el subsiguiente resultado, las fotos, son mi forma de expresar mi mundo de fantasía e ilusión, para mí mis fotografías son relatos que compongo con imágenes y que dicen todo lo que yo quiero expresar aunque sin palabras. Ya, de vez en cuando suelto una parrafada de éstas y me quedó más ancho que largo. Pero para escribir tengo que esperar al momento oportuno, a tener algo que decir.

Con la fotografía es diferente, siempre que miro veo algo. No necesito pensar en lo que quiero fotografiar. Tan sólo necesito la cámara y calzado cómodo. La escena es siempre (excepto cuando fotografió bodegones en casa que requieren cierta preparación) fruto de la casualidad, la casualidad de tomar un camino u otro.

Hoy, por ejemplo, he ido a un lugar que hace mucho que no iba. Este es el resultado. Espero que os guste. Besos.

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Las siguientes las hice hace varias semanas cuando el otoño ofrecía todo el colorido que se supone en esta estación.

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