Paseo a la orilla del lago helado.

Después de casi un par de meses sin dar un garbeo por la orilla del Mälaren, cosa que he hechado de menos, el viernes después de ir al súper salí de casa con ganas de respirar aire fresco y escuchar el silencio cuando el agua de la superficie del lago se ha congelado. Empecé el paseo en la estación de cercanías de Kallhäll, en el exteriordede la estación para ser exactos. Abrieron la nueva estación a finales de agosto del año pasado jueves yo con el puente nuevo sobre las vías. El caso es que me gustan este tipo de estructuras, de diseño bastante vanguardista en el exterior y sencillo y práctico, minimalista incluso, del interior. Los puentes siempre me han gustado. Unir dos barrios, dos pueblos, dos ciudades, dos países… es una idea que siempre me ha gustado. 

En el caso del puente de la estación facilita el acceso a la misma y las zonas residenciales que existen a ambos lados de las vías. Un par de fotos de estructuras humanas fueron suficientes para satisfacer mi inquietud arquitectónica. Ahora tocaba enfilar para el lago. No sabía si estaría completa o parcialmente helado, así que mientras caminaba disfrutando del silencio, que algunos días de invierno es casi total, iban apareciendo imágenes en mi cabeza de cómo me gustaría encontrar el paisaje.

Como siempre lo que imagino y lo que al final es no se parecen mucho. Y como casi siempre lo que encontré fue mejor de lo imaginado. 

Un paisaje minimalista, sencillo, sobrio. 

Y otro de árboles sedientos que inclinaron sus troncos hacia el lago en verano para saciar la sed y calmar el calor y que se olvidaron de volver a erguirse. Tal cual estaban fueron atrapados por el hielo. 

Esas son mis dos fotos favoritas de las que hice el viernes.

Comenzamos el paseo en el exterior de la estación.

Un poco de bosque de camino al lago.

El lago estaba completamente helado y el paisaje me gustó tanto que mientras lo contemplaba apenas noté el frío en mis dedos y mejillas. 

No podía faltar una en blanco y negro.

Y de nuevo la estación desde otro punto de vista, de vuelta a casa.

Raíces.

La mayoría de mis raíces han crecido en España, allí nací y crecí. Todos mis recuerdos conformar un extenso e intrincado mapa de ya cerca de 47 años. Las raíces más antiguas y, por lo tanto, más profundas, constituyen la base de lo que hoy soy. Me siento afortunado de tener un hermano mayor que como hobby nos fotografiaba cuando Emilio y yo éramos pequeños. Esa fototeca me ayuda a comprender mejor de donde vengo. 

La familia nos empieza a dar forma, nos moldea. Algunas veces encajamos, otras sin embargo rompemos el molde y es ahí donde empezamos a ser nosotros mismos, únicos e inimitables. Ahí es donde comenzamos a echar otro tipo de raíces. Las raíces de las experiencias que continúan conformando nuestro yo y nos ayudan a descubrir algunos de los valores que perdurarán toda la vida. La amistad, la lealtad, la honradez… Algunos cortan esas raíces para crecer otras más rápidamente, las mías permanecen intactas. 

Yo, como otras muchas personas en algún momento de su vida, me autotrasplanté a otro lugar. Al principio no es fácil, la nueva tierra puede ser dura y a nuestras raíces les resulta difícil adaptarse al nuevo entorno. Al cabo de un tiempo y con ayuda de algunos nativos que nos enseñan a manejar el nuevo sustrato, nuestras viejas raíces se van acomodando a la par que las nuevas raíces crecen y se fortalecen. 

Nuevas raíces crecen continuamente pero hay que seguir alimentando a las más viejas para que no se sequen y desaparezcan. Las raíces no se ven, están ocultas dentro de nosotros. Lo que se ve y lo que otros aprecian de nosotros es la muestra de lo bien o mal que cuidamos nuestras raíces. 

Yo sigo manteniendo vivas mis raíces a través de miles de imágenes que conservo en mi propia memoria y en la del disco externo de 1 TB (que uno ya se va haciendo mayor), y que de vez en cuando vuelvo a mirar para seguir mi camino sin olvidar de dónde vengo.

Para mi las raíces más importantes son las que representan a la familia. Las más sólidas son las de mis padres, mis hermanos y sobrinos, mis tías y tíos, mis primas y primos y mis amigos.

Todo lo anterior viene a cuento de unas cuantas imágenes de Asturias (Cangas de Narcea y Corias), Granada (Dúrcal) y Madrid que revivieron esa raíz, la de la familia, profunda y muy importante para mí.

Las he reeditado y ahora las muestro con mucho cariño.

Asturias 2009.

Granada 2010.

Madrid 2010.

Ahora unas cuantas imágenes de mis raíces más recientes, éstas están empezando a consolidarse aquí en Suecia. Aquí me autotrasplanté en 2013 y desde entonces crecen saludables unas cuantas raíces nuevas. Entre ellas, las más importantes para mí, las de la familia. Ahora las de mi propia familia que crecen entrelazándose y compartiéndose con las de mi familia española. Eso sí, las raíces no entienden de fronteras.
Suecia 2017.

Dedico este post a mis hermanos.A Manolo por inspirarme para escribir este post con símiles de raíces, sustratos, tierras y todo eso que el controla y explica tan bien de sus bonsáis. Y a Emilio por ayudarme a mantener mis más importantes raíces frescas. ¡Va por ustedes!