Flor de calabacín.

Que sensación al llegar el otro día al huerto, abrir la puerta del pequeño invernadero, y contemplé que los calabacines estaban empezando a florecer, casi me caigo de culo de la impresión, ya sabéis que es mi primera experiencia en un huerto y la sensación de satisfacción es indescriptible, cada día que voy me sorprendo de como se desarrolla todo, sin prisa pero sin pausa, mucha agua, un poco de mimo y esto es lo que aparece.

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Como no, también una foto de este cielo, casi siempre con nubes.

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Y mi transporte, Frankie, así llamo a mi bici hecha de partes de bicis, que me transporta fielmente hasta el huerto.

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De paseo por la orilla del lago Mälaren.

Julio es el mes de vacaciones por excelencia en Suecia, hace calor y apetece dar un paseo y aprovechar el calorcito que echaremos de menos durante muchos meses.

Aquí hay una gran afición a la vela, las grandes extensiones de agua, las islas y el viento casi constante hacen que los suecos, los que tienen barco claro, naveguen todo lo que pueden durante el verano, por otra parte única época para hacerlo ya que el lago Mälaren se congela durante más de seis meses.

El otro día fuimos a dar una vuelta por la orilla del lago y nos sentamos en unas rocas a descansar y contemplar las nubes y las velas.

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Sin súper luna pero con nubes.

El pasado fin de semana me quedé sin ver la súper luna, cosas de la meteorología, pero antes de que se nublara completamente y empezara a llover, el cielo me regaló estas vistas desde el huerto.

Aunque estuve esperando hasta después de medianoche para ver la luna a través de algún hueco entre las nubes, no pudo ser, pero estas imágenes de nubes suplieron mi anhelo por ver la luna, qué caray! la luna se puede ver en otras ocasiones.

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Las nubes pintan el cielo con sus caprichosas formas y hacen al gran azul menos aburrido.

En las nubes.

A veces estoy allí, si si, en las nubes, mirando esas formaciones de algodón, como borreguillos pintados en el cielo, viendo como dibujan el inmenso azul con sus formas caprichosas. Las nubes hacen volar mi imaginación, me gusta contemplarlas e inventar historias según van pasando y cambiando su forma, eso es algo que me gusta de las nubes, a veces hay que tener paciencia pues permanecen inalteradas largo rato, otras cuando el viento sopla las historias van cambiando rápidamente y otras veces, cuando el cielo está gris de nubes grises, pocos cuentos se me ocurren.

Nubes grandes, pequeñas, alargadas, de colores cuando se acerca el ocaso, nubes altas, bajas, medias, nubes que parece que pudieras tocar y otras tan altas como inalcanzables, nubes que dejan ese olor tan particular a tierra mojada después de descargar.

La mayor parte del tiempo, como es de suponer, las miro desde abajo, y otras, las menos, desde arriba, mirando a través de la ventanilla de un avión, esas veces parece que pudieras bajar y darte un paseo sobre ellas.

En fin, voy a bajarme de mi nube, y enseñaros las que fotografié el otro día.

 

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