El bosque.

Se podría decir que vivo en el bosque, en esta zona hay árboles para dar y tomar, y para mí es un regalo. Después de vivir casi toda mi vida en una ciudad muy grande, demasiado grande, el cambio que noté al mudarme fue enorme. Al principio uno no se da cuenta de lo que gana, reducción de ruido y contaminación, tranquilidad, perder de vista la masificación de todos los sitios a los que uno va… A las pocas horas de estar aquí ya no quise volver. 

A pesar de estar rodeado por el bosque hacía tiempo que no paseaba por él. El viernes pasado decidí que no dejaba pasar más tiempo sin darme un garbeo por el bosque, esta vez en vez de llevar mi propia banda sonora dejé que el bosque tocara su banda sonora para mi a la vez que paseaba.

El bosque ejerce en mi su poder relajante, cada vez que doy un paseo el tiempo deja de importar, lo que importa es cada instante. Contemplar los colores, especialmente vibrantes en esta época del año, escuchar esa banda sonora proporcionada por el viento al mover las hojas de los árboles, por mis pies al caminar y crujir las hojas secas, los pájaros… 

Y sobre todo mirar y ver. Capturará escenas es una de mis debilidades. Primero con la vista, generalmente algo llama mi atención y entonces me paro y miró un rato y si la escena me convence la capturó con mi cámara. El otro día no podía dejar de sonreír al pasear y fotografiar. Dos de mis pasiones.

El bosque alivia mi estrés, borra lo malo de mi memoria, regenera mi espíritu, aparca mis prisas, me recarga de buenas vibraciones.

Cada uno de nosotros tenemos un sitio al que vamos de cuando en cuando, nuestro refugio, a salvo de lo cotidianeidad y la rutina, el mío es el bosque y tengo la inmensa fortuna de estar rodeado por el.
A continuación una muestra de los paisajes, escenas, trocitos de mi paseo que me gustaría compartir hoy con vosotros. 

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