Bosque, manzano en flor y ovejas.

Ayer por la tarde salimos a dar un paseo cerca de casa, la verdad es que a diez minutos de casa, tomes la dirección que tomes, estás en medio del monte, o en medio de un prado, o en la orilla del lago, es la ventaja de vivir en un lugar pequeño aunque no muy alejado de la gran ciudad.

Ayer Mia me comentó que, por la mañana, había encontrado un sitio nuevo por el que pasear, hubiera sido mas normal que lo dijera yo que llevo bastante menos tiempo que ella viviendo aquí, pero no siempre se conocen a la perfección los alrededores de donde uno vive.

Nos dirigimos hacia ese punto, lo cierto es que hay casas muy cerca, pero una vez dentro del bosque los árboles amortiguan el ruido y parece que estás mas lejos de lo que en realidad estás.

Un sitio tranquilo e inspirador, lo mejor la luz colándose entre las ramas y la variedad de tonos de verde en esta época del año, aquí una muestra de lo que vimos ayer.

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Después de estar un rato en este nuevo sitio, continuamos hacia otro sitio ya conocido pero no por eso menos interesante, aquí lo llaman “Slammertorp”, es una antigua granja que se ha reconvertido en casa para los boyscouts, aquí podemos ver la típica casa de campo sueca, construida en madera y pintada de rojo ( investigaré algo más y os contaré lo del color oro día).

En ésta justo a la entrada hay un manzano, público, cualquiera puede coger sus frutos, y ayer estaba florido y hermoso.

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Pues mientras me alejaba para hacer unas cuantas fotos del manzano llegué a un cercado y, ¿qué había dentro del cercado? Exacto, un rebaño de ovejas. Las ovejas se acercaron igual de curiosas que yo, ellas están acostumbradas a los humanos, yo sorprendido de encontrarme ovejas en una zona de un parque público. Allí estaban pastando tranquilamente y yo haciendo más fotos, esta vez las protagonistas tenían cuatro patas y me regalaron sus mejores gestos.

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Pic nic.

Tenemos la suerte de vivir a 10 minutos del lago Mälaren, pasear por su orilla es muy relajante y en primavera y verano (el resto del año está congelado) cuando la temperatura acompaña, los lugareños incluso se bañan, yo, lo intentaré este año, apetece darse un garbeo y almorzar de barbacoa, aquí te venden unas barbacoas de un solo uso que pesan muy poco y puedes llevar a todas partes.

Así que como el domingo pasado hizo buen día nos animamos a dar un paseo, buscar un sitio a la orilla del lago y preparar nuestra comida, unas hamburguesas caseras que nos quedaron muy ricas.

Lo pasamos muy bien y aquí está la prueba.

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Además de las hamburguesas, de postre preparamos unos “marshmallows” (unas nubes de toda la vida) en la barbacoa, básicamente azúcar derretido, muy rico y, sobre todo, energético.

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Mientras los preparábamos Mia y yo probamos alguno.

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Cada uno atendiendo a los suyos.

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Alguien se apunta a unos marshmallows gigantes?

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Estaban tan buenos que me comí hasta el palo!

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Y después a bajar la comida bailando un poco.

También hay alguna foto en color.

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Pero últimamente me gusta mas el blanco y negro.

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Verde.

Me gusta el color verde, es uno de mis favoritos. Pero es en primavera cuando, después del aletargamiento del invierno, el color aparece en todo su esplendor.

Estos últimos días han sido de esos en los que el verde aparece vívido y brillante, estamos rodeados de verde, el verde frescor de la yerba, el verde de los nuevos brotes de los árboles y toda la gama de verdes en las hojas de las plantas de casa.

Me he entretenido mirando y fotografiando las hojas y estoy maravillado con la naturaleza, su forma de construir y su diseño único y fascinante.

Esto es lo que he visto casi, casi dentro de las hojas, acercando todo lo que he podido el objetivo de la cámara, espero que, como yo, os perdáis en los paisajes de una hoja.

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Pan. Bröd. Bread.

A mí me gusta el pan.

Guardo en mi memoria, como un tesoro, el recuerdo de mi madre amasando pan en Asturias, en una pequeña caseta donde estaba el horno, recuerdo el olor a pan recién hecho y el sabor de una buena rebanada de hogaza con mantequilla hecha en casa, nada que se le parezca ahora.

Recuerdo las hogazas que nos enviaba la tía Elenita en aquellos paquetes con otros manjares como chorizos, morcillas (las mejores que comí nunca y que, desafortunadamente, ya únicamente existen en mi memoria) huevos frescos, etc. Pero yo siempre esperaba y deseaba ver la hogaza y probar un poco de ese pan que duraba dos semanas sin ponerse duro y que sabía a gloria desde el primer al último bocado.

En un intento de reeditar esas sensaciones este fin de semana he preparado pan en casa, nada tiene que ver esta experiencia con las que guardo en mi memoria con tanto agrado, pero el hecho de mezclar los ingredientes, de amasar, de esperar a que la masa repose, en fin todo ese proceso que lleva bastante tiempo, trae a mi memoria imágenes de mi niñez y me hacen feliz.

El resultado, aun siendo bueno, está a años luz del que guardo en mi memoria. Pero el solo hecho de preparar pan en casa me alegra el día, además de comer un pan mas sano y rico que el elaborado de forma industrial paso un rato entretenido y ajeno a todo.

Cocinar, solo o en compañía, y compartirlo con la familia y los amigos, una de las mejores sensaciones de la vida.

Y, finalmente, unas imágenes del pan casero que preparé ayer.

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Galletas de chocolate. Chokladkakor.

Mia recibió un regalo, de parte de Kristofer, para su cumpleaños (en marzo) y ayer decidimos usarlo por primera vez para hacer unas galletas.

El utensilio de cocina se llama “sushezi” y os preguntaréis que es, os voy a dar una pista ” professional sushi-made easy” tal como reza en la caja, si es un aparato para preparar sushi de forma sencilla, se trata de un cilindro dividido en dos mitades, una tapa para un extremo y un émbolo que se coloca en el otro extremo del aparato.

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(Parece un sable láser pero no lo es, ya nos hubiera gustado que nos regalaran uno)

Pues sí, también se puede utilizar para hacer galletas, bueno para compactar la masa y cortarla.

Ingredientes:

250 gr de mantequilla a temperatura ambiente
100 gr de azúcar, nosotros usamos azúcar moreno
Una cuchara de café de esencia de vainilla
1 huevo
350 gr de harina de trigo
2 cucharadas soperas de cacao en polvo
Unas cuantas almendras

Ponemos la mantequilla, el azúcar, la vainilla y el cacao en un bol y mezclamos, en esta ocasión contamos con la colaboración de Sofia que no dudo en ponerse manos a la obra, nunca mejor dicho, y preparase la masa de las galletas.

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Cuando la mezcla esta bien mezclada y hemos conseguido una crema uniforme añadimos el huevo batido.

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Cuando esta todo bien mezclado añadimos la harina.

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Mezclamos bien hasta que toda la harina se ha incorporado a la mezcla. Cortamos las almendras.

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Ahora ya podemos colocar la masa en el aparato.

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Una vez que hemos rellenado las dos mitades del aparato con la masa colocamos el émbolo en su extremo correspondiente antes de cerrar, colocamos la tapa en el otro extremo y presionamos un poco para compactar la masa de las galletas.

Colocamos un papel de horno en una bandeja y colocamos la masa de galleta cortada según presionamos poco a poco el cilindro o “sushezi”.

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Yo me ayudé de mi barriga para presionar el émbolo mientras Mia cortaba las piezas (1 cm aprox.) y las colocaba en la bandeja del horno, quedaron un poco irregulares pero no importa todo se arreglo en el horno ya veréis. Antes de meter en el horno colocar unos cuantos trozitos de almendra sobre cada galleta.

Y hablando de horno: 190° C 10-12 min. Cuando salen del horno tienen esta pinta tan rica.

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Son muy fáciles de hacer, incluso sin aparatito, y están muy ricas, doy fe. Besos.

Biblioteca. Bibliotek.

Estoy encantado con las bibliotecas de Järfälla, zona de Suecia en la que resido, si bien es cierto que no todas tienen la misma oferta de opciones (como es lógico tienen libros mayoritariamente escritos en sueco) , la de Jakobsberg tiene secciones en inglés, español, francés, árabe y otros idiomas, lo que si hay en todas es un espacio, mas o menos grande, para el arte donde cualquiera puede exponer durante un tiempo y que algunas veces ofrece trabajos muy interesantes.

Hace un par de días estaba en la biblioteca de Jakobsberg y al ver este libro de Vázquez Montalbán lo tuve que tomar prestado, disfrutaré leyendo este libro, porque me gusta mucho el autor y el protagonista de sus novelas.

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