Grandes almacenes vs. Paseo al atardecer

Hola a todos!

Hacía bastante tiempo que no escribía en el blog. Si bien es cierto que últimamente (hace muchos meses ya) he trabajado bastante y con horarios un tanto complicados y sin que sirva de excusa (aunque lo sea) he de decir que no me ha dado mucho tiempo a hacer una de las cosas que más me gusta: pasear y hacer fotos. A partir de ahora, con un nuevo trabajo y un mejor horario, fotografiaré más a menudo e intentaré mantener el blog algo más actualizado.
Y una vez hechas las aclaraciones vamos al grano. El otro día me tocó asistir a una reunión de trabajo del nuevo trabajo. Cómo tenía un rato antes de la hora prevista pude dar un paseo por uno de los escenarios urbanos que más me ha llamado la atención al contemplarlo desde la ventana del tren. El otro día pude satisfacer mi curiosidad y hacer algunas fotos de este monstruo (no por lo feo sino por lo grande) de cemento. Un centro comercial que no he visitado por dentro, me agobia un poco estar rodeado de mucha gente, pero que siempre me ha llamado la atención por lo que significa en cuanto a esa particular forma de ocio haciendo compras. A mi ese tipo de ocio me estresa mucho así que me dedico a hacer fotos desde fuera, midiendo la distancia. Busco diferentes puntos de vista y juego con los elementos que rodean a la estructura principal. Sigo usando imágenes panorámicas (integradas por varias imágenes y “juntadas” posteriormente con un programa de edición). El resultado son escenas urbanas con mi forma de mirar.

A los pocos días de mi experiencia urbana, volví a pasear por la zona donde vivo. Ahora anochece a eso de las tres de la tarde con lo cual es muy sencillo fotografiar la puesta de sol y volver a casa a tiempo para cenar en familia. Aquí experimento lo contrario. Calma, silencio, tranquilidad. Aquí me encuentro a mi mismo. Aqui tengo “Peace of mind”. Y me gusta mucho esa sensación aunque hacía tiempo que no la experimentaba. Ahora en invierno está casi todo en silencio, que gozada!

Aquí los colores son reales. Ya sé que no es lo mismo que la pantalla de nosecuántaspulgadas y sus millones de colores, color verdadero, realidad enlatada… De la fachada del centro comercial. Pero a mi me gustan más los colores naturales, sin edulcorar y sin retocar. A la naturaleza no le hacen falta retoques.

Lo mejor de todo es que cada uno puede elegir los colores que más le gusten. Y, a pesar de haber disfrutado haciendo las dos sesiones de fotos, yo he elegido los míos.

Decoración de pascua.

En Suecia durante la pascua se celebra la vida. Después de un invierno frío y oscuro la primavera trae la luz y la naturaleza renace después de varios meses de letargo. Una de las tradiciones es decorar huevos, los niños son los que se dedican a pintarlos de vivos colores. Los hijos de Mia ya no son unos críos y desde hace varios años ella es la que se dedica a decorar, con la ayuda de Sofía, la casa para celebrar la  pascua. Este año Mia y Sofía me han sorprendido con una forma muy chula de decorar los huevos. Es una manera efímera y práctica, a la par que artística, de decoración.

Os explico primero la parte artística, para ello necesitaremos:

-huevos (Mia ha utilizado 8)
-la capa externa de varias cebollas
-papel de aluminio

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Sobre una lámina de papel de aluminio colocamos la peladura de cebolla alrededor del huevo y cerramos.

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A continuación colocamos los paquetitos en una cacerola y los cocemos.

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Una vez que los huevos están cocidos, los dejamos enfriar y al desenvolver los paquetitos encontramos esta chulada.

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Decorados con unas ranuras que recogimos en el bosque al lado de casa, esta alegoría de la primavera y la vida decoran la mesa de la cena de pascua. Esta es la parte efímera y práctica pues los huevos nos los hemos comido junto a otros manjares típicos de la ocasión y que han consistido en salmón ahumado, arenques en diferentes salsas, mi favorita es la de mostaza, patatas cocidas y un montón de dulces (chuches).

Paseos fotográficos.

Como ya sabréis a mí me gusta pasear. Aunque llevo unos meses sin escribir en el blog sigo paseando. Otra cosa es fotografiar, el trabajo que tengo me deja poco tiempo para mí actividad favorita junto a pasear.

En invierno aunque nieve o haga frío paseo por el bosque cerca de casa, en una de las ocasiones había mucha nieve y un silencio entre sepulcral y acogedor que me gusta sentir en la piel al igual que el frío, el frío que me hace sentir vivo y refresca mis ideas. Hace varios meses que todas mis fotos son panorámicas. Fotografía panorámica, en eso estoy muy interesado, consiste en tomar varias fotografías de una escena y después unirlas para conformar una imagen más grande. De esos paseos salieron estas fotos.

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Aunque el blanco y negro es mi preferido, de vez en cuando no viene mal un poco de color.

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De vez en cuando también fotografío lugares del pueblo donde vivo que me parecen interesantes, como la antigua zona industrial o el puerto deportivo.

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Y hablando del trabajo, una vez al mes acudo a la oficina para dejar los informes de mi actividad durante el mes y después aprovecho para dar un paseo cámara en ristre. Estocolmo es uno de los lugares donde paro un ratillo y doy un paseo y fotografío. En esta ocasión con el lago helado tomé estas imágenes.

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No está mal un poco de color de cuando en cuando.

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El jueves pasado, de camino de vuelta de la oficina, bajé del metro en la estación “Skogskyrkogården”,  había oído hablar de este cementerio al sur de la provincia de Estocolmo y decidí echar un vistazo. Debo admitir que me sorprendió muy gratamente el paseo, es un cementerio diferente las tumbas están situadas en un bosque rodeadas por cientos de árboles. Un lugar perfecto para meditar y recordar a los que ya no están. Yo no tengo a ningún familiar enterrado aquí, pero durante el paseo me acordé de los que abandonaron este mundo pero que siguen vivos en mi recuerdo y en mi corazón.

Para que os hagáis una idea en el cementerio hay unas 100.000 tumbas en una extensión de 100Ha. Hay diferentes capillas repartidas por el recinto y es patrimonio de la humanidad de la Unesco.

Tengo pensado regresar de nuevo en primavera, seguro que la visita merece la pena.

Muy cerca de la entrada del recinto está la colina de los olmos (Almhöjden). La escalera lleva hasta el bosque de la meditación (Meditationslunden).

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La entrada a una de las capillas.

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Y el cementerio.

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Galletas de jengibre. Pepparkakor.

Como cada año por estas fechas hoy hemos preparado galletas de jengibre. Durante un par de horas hemos preparado unas galletas que, además, están riquísimas. Pero sobre todo hemos pasado un buen rato en familia. Mia, Sofía y yo nos hemos divertido trabajando a la vez que bromeando y eso es lo importante. Sofía y yo con las galletas, bajo la supervisión de Mia y ella haciendo las fotos tan chulas que veréis a continuación.

Hemos comprado la masa ya preparada con lo cual hacer las galletas es muy sencillo. Necesitamos un rodillo y un poco de harina para que la masa no se pegue ni a la mesa donde trabajamos ni al rodillo. Después de estirar la masa, 2-3 mm vale, elegimos los moldes para dar forma a las galletas. Además de los clásicas, hombre, mujer, luna, caballo, cerdo, triskel, caballo, estrella, corazón… este año teniamos dos nuevos. Una  campana, que eligió Mia, y un dinosaurio que elegí yo.

Ha continuación la secuencia de fotos con el proceso. Espero que os guste.

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Una vez estirada la masa cortamos galletas con los moldes, aquí Sofía y yo concentrados en la tarea.

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Tiene su ciencia lo de cortar la masa, los recortes se vuelven a amasar y estirar, aquí no se tira nada.

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Con mucho cuidado para que no se rompan, colocamos las galletas en una bandeja de horno. Éste estará previamente calentado a 200°C.

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El dinosaurio.

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Y aquí un paisaje con árbol y luna queja aparecido sin querer al colocar estas dos galletas de esta forma y no de otra.

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“Buen trabajo” o como dicen por aquí “Bra jobbat”

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Después de hornear las galletas 6 minutos, las dejamos enfriar. Hay que tener cuidado al cogerlas de la bandeja del horno porque cuando están calientes siguen blanditas y pueden romperse.

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Una vez frías podemos comenzar con la decoración. Para ello utilizamos “kristyr” una mezcla de azúcar, clara de huevo y vinagre de  licor (espirituoso) de patata. Introducimos la mezcla en una manga pastelera y a decorar.

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Las primeras me han quedado un poco así, nos las vamos a comer igualmente. Luego le he pillado el truco y han salido mejor.

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A veces hay que echar una mano, o un dedo, para que la galleta no se mueva y así sea más fácil decorarla. Aquí Sofía escribiendo mi nombre en un de los corazones.

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Y así con todas. Mola.

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A punto de acabar y es cuando le he cogido el tranquillo a la manga pastelera…

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Después de decorar las galletas nos ha sobrado bastante “kristyr” y como dicen y hacen nuestras madres aquí se aprovecha todo y no se tira nada. Teníamos (porque ya nos los hemos comido) unos bollos que prepararon ayer Mia y Sofía mientras yo estaba en el curro y que se llaman “lussebullar” que son unos bollos de azafrán con pasas. En la imagen uno en forma alargada que preparó Sofía y que ella misma decora con el azúcar. Extra dulce.

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Y como seguía sobrando pues hemos preparado diferentes formas de azúcar. Bueno y también lo hemos probado un poco.

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Bueno, un poco bastante.

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Y este es el resultado. Un montón de galletas que durarán varios días. Aunque no sé yo porque ya las hemos probado y están muy ricas.

Hemos pasado un rato en familia muy divertido, trabajando juntos, riendo juntos, disfrutando de este rato juntos.

La gran ciudad.

He visitado alguna, he vivido en una y ahora vivo cerca de una. De las primeras, por ejemplo Londres o Nueva York,  me gustan porque es imposible conocerlas en su totalidad en una primera visita, se necesitan muchas visitas para descubrir sus rincones. Son tan grandes que uno puede dejarse el presupuesto en transporte público o en calzado si a uno le gusta patearse las calles. El caso es que yo siempre disfruto andando y viendo en vivo lo que he visto en foto o en una película o en la tele muchísimas veces, y sentir ese dejavu, esa sensación de haber estado antes aunque sea la primera vez. Y luego perderse por otras zonas menos televisadas o filmadas pero igual o más interesantes. Y descubrir lo genuino de la ciudad, a veces menos bonito, en términos estéticos, pero mucho más interesante y real. De todas formas a mi lo puramente estético no me llena completamente, mientras que lo cotidiano me interesa y me gusta mucho más.

Vivir en Madrid durante prácticamente toda mi vida me ha hecho querer salir de allí, ser testigo de como ha crecido, en exceso según mi opinión, ha hecho que sea menos habitable pero no menos visitable. Demasiada gente, demasiado ruido, y últimamente demasiada contaminación. El caso es que me gusta visitarla y siento curiosidad por saber como va cambiando. Cuando uno está dentro no se da cuenta, todo cambia progresivamente y uno se acostumbra casi sin notarlo. Visitar Madrid es algo que seguiré haciendo.

Ahora vivo cerca de Estocolmo, es una ciudad mucho más pequeña que las anteriores, no llega al millón de habitantes. A pesar de ello siento el mismo agobio que en ciudades más grandes, en las zonas turísticas y comerciales existe la misma aglomeración.

Hasta ahora había visitado las zonas más turísticas y conocidas. Estocolmo es una ciudad muy bonita. El casco viejo (Gamla Stan) es una maravilla arquitectónica, pero las zonas más modernas y vanguardistas también son fantásticas. A partir de ahora quiero visitar el resto de la ciudad y ver como es de verdad. Con estas primeras fotos panorámicas pretendo mostrar ese otro lado de la ciudad menos conocido pero igual de interesante. Es hora de salir del circuito turístico y perderse por los barrios.

En esta primera entrega he fotografiado zonas de la ciudad que ya conocía desde lugares que no conocía y que ofrecen vistas fantásticas y/o interesantes de la ciudad. En próximas entregas visitaré zonas menos famosas, las que no aparecen en las guías turísticas. Espero que el resultado os guste. Yo disfruté mucho, a pesar de las agujetas de hoy, del paseo de ayer.

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Paseo y fotografía.

Después de una corta visita a Madrid a primeros de noviembre por el cumpleaños de mi madre y después de visitar a la familia (no me ha dado tiempo a más) me he dado cuenta de algo que aunque ya sabía nunca había visto desde la perspectiva de la distancia y que nunca había comparado de una forma tan directa como ahora. El Ruido (ruido con mayúsculas, sí) algo de lo que andan sobrados en Madrid.

Cuando vivía allí también me molestaba bastante y cuando viajaba a otro lugar, menos densamente poblado por humanos y vehículos a motor casi en la misma proporción, encontraba la anhelada paz que existe en el silencio. El sonido, algo claramente diferenciado del ruido, del aire en las ramas de los árboles, el agua de algún riachuelo corriendo, los pasos crujientes sobre la hojarasca caída y seca en otoño… Todo eso que doy por hecho ahora lo he hechado de menos en Madrid, y mucho. Después de vivir en Madrid “toda mi vida” y de creer ser un urbanita me he convertido al ruralismo.

Quizás no haya salas de cine donde yo vivo, es una lástima perderse todas esas maravillas de Hollywood, que le vamos a hacer. Cada mañana asisto a la premiere de los cantos de los pájaros y al sonido del viento, la lluvia, el sol, la nieve o lo que se tercie.

Una vez expuesto lo anterior, comentar que los paseos fotográficos y el subsiguiente resultado, las fotos, son mi forma de expresar mi mundo de fantasía e ilusión, para mí mis fotografías son relatos que compongo con imágenes y que dicen todo lo que yo quiero expresar aunque sin palabras. Ya, de vez en cuando suelto una parrafada de éstas y me quedó más ancho que largo. Pero para escribir tengo que esperar al momento oportuno, a tener algo que decir.

Con la fotografía es diferente, siempre que miro veo algo. No necesito pensar en lo que quiero fotografiar. Tan sólo necesito la cámara y calzado cómodo. La escena es siempre (excepto cuando fotografió bodegones en casa que requieren cierta preparación) fruto de la casualidad, la casualidad de tomar un camino u otro.

Hoy, por ejemplo, he ido a un lugar que hace mucho que no iba. Este es el resultado. Espero que os guste. Besos.

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Las siguientes las hice hace varias semanas cuando el otoño ofrecía todo el colorido que se supone en esta estación.

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El bosque.

A algunas personas les gusta la playa, a otras la montaña. A mí me gusta el bosque, cerca de la playa o cerca de la montaña, eso da igual, mientras halla un bosque cerca en mi cara permanecerá una sonrisa. Puedo pasear acompañado, eso no es problema, pero lo que más me gusta es pasear sólo, ensimismado en mis pensamientos. Estar en el bosque es como practicar meditación. El silencio, casi completo en invierno. El bullicio de la primavera. El color del otoño. Y la luz del verano. En el bosque siempre encuentro la paz que necesito para encontrarme a mi mismo. Me resulta tremendamente fácil aislarme del mundanal ruido y concentrarme en mis pensamientos. El tiempo se detiene y  disfruto lo que este haciendo cada momento. Si paseo, disfruto del paseo. Si fotografío, disfruto de la fotografía. Si contemplo, disfruto de lo que miro. Y siempre, siempre puedo vaciar mi mente y reponer la energía necesaria para el día a día.

También al pasear me acuerdo de las personas a las que quiero y hecho de menos. De vez en cuando imaginó que paseo con alguno de ellos y así les hecho de menos un poco de menos. Recreo las conversaciones que tenemos a través del correo electrónico, videoconferencia, etc. Es mi forma de recordar a las personas que quiero aunque algunas no estén cerca.

El bosque, siempre el bosque. Tan a gusto a la sombra en verano como resguardado de la lluvia en otoño.

Mi amor por el bosque tengo que agradecérselo a mi hermano Manolo, él fue quien despertó en mi el amor por la naturaleza y, sobre todo, por los árboles. Él, que a pesar de vivir en una gran ciudad, ha sido capaz de construir su propio bosque en casa. Decenas de arbolitos (bonsái) adornan gran parte de su casa. Su bosque, aunque en miniatura, también le sirve para meditar y olvidarse del mundanal ruido.

Este post va por ti hermano.

También he desarrollado un gusto particular por las imágenes panorámicas (una imagen compuesta por varias fotografías). Aquí dejo algunos ejemplos de mis últimos trabajos. Espero que sintáis parte de la calma y el silencio que yo siento al hacer estas fotografías y que  paseéis conmigo por estos bosques.

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