Galletas de jengibre. Pepparkakor.

Como cada año por estas fechas hoy hemos preparado galletas de jengibre. Durante un par de horas hemos preparado unas galletas que, además, están riquísimas. Pero sobre todo hemos pasado un buen rato en familia. Mia, Sofía y yo nos hemos divertido trabajando a la vez que bromeando y eso es lo importante. Sofía y yo con las galletas, bajo la supervisión de Mia y ella haciendo las fotos tan chulas que veréis a continuación.

Hemos comprado la masa ya preparada con lo cual hacer las galletas es muy sencillo. Necesitamos un rodillo y un poco de harina para que la masa no se pegue ni a la mesa donde trabajamos ni al rodillo. Después de estirar la masa, 2-3 mm vale, elegimos los moldes para dar forma a las galletas. Además de los clásicas, hombre, mujer, luna, caballo, cerdo, triskel, caballo, estrella, corazón… este año teniamos dos nuevos. Una  campana, que eligió Mia, y un dinosaurio que elegí yo.

Ha continuación la secuencia de fotos con el proceso. Espero que os guste.

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Una vez estirada la masa cortamos galletas con los moldes, aquí Sofía y yo concentrados en la tarea.

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Tiene su ciencia lo de cortar la masa, los recortes se vuelven a amasar y estirar, aquí no se tira nada.

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Con mucho cuidado para que no se rompan, colocamos las galletas en una bandeja de horno. Éste estará previamente calentado a 200°C.

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El dinosaurio.

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Y aquí un paisaje con árbol y luna queja aparecido sin querer al colocar estas dos galletas de esta forma y no de otra.

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“Buen trabajo” o como dicen por aquí “Bra jobbat”

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Después de hornear las galletas 6 minutos, las dejamos enfriar. Hay que tener cuidado al cogerlas de la bandeja del horno porque cuando están calientes siguen blanditas y pueden romperse.

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Una vez frías podemos comenzar con la decoración. Para ello utilizamos “kristyr” una mezcla de azúcar, clara de huevo y vinagre de  licor (espirituoso) de patata. Introducimos la mezcla en una manga pastelera y a decorar.

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Las primeras me han quedado un poco así, nos las vamos a comer igualmente. Luego le he pillado el truco y han salido mejor.

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A veces hay que echar una mano, o un dedo, para que la galleta no se mueva y así sea más fácil decorarla. Aquí Sofía escribiendo mi nombre en un de los corazones.

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Y así con todas. Mola.

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A punto de acabar y es cuando le he cogido el tranquillo a la manga pastelera…

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Después de decorar las galletas nos ha sobrado bastante “kristyr” y como dicen y hacen nuestras madres aquí se aprovecha todo y no se tira nada. Teníamos (porque ya nos los hemos comido) unos bollos que prepararon ayer Mia y Sofía mientras yo estaba en el curro y que se llaman “lussebullar” que son unos bollos de azafrán con pasas. En la imagen uno en forma alargada que preparó Sofía y que ella misma decora con el azúcar. Extra dulce.

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Y como seguía sobrando pues hemos preparado diferentes formas de azúcar. Bueno y también lo hemos probado un poco.

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Bueno, un poco bastante.

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Y este es el resultado. Un montón de galletas que durarán varios días. Aunque no sé yo porque ya las hemos probado y están muy ricas.

Hemos pasado un rato en familia muy divertido, trabajando juntos, riendo juntos, disfrutando de este rato juntos.

La gran ciudad.

He visitado alguna, he vivido en una y ahora vivo cerca de una. De las primeras, por ejemplo Londres o Nueva York,  me gustan porque es imposible conocerlas en su totalidad en una primera visita, se necesitan muchas visitas para descubrir sus rincones. Son tan grandes que uno puede dejarse el presupuesto en transporte público o en calzado si a uno le gusta patearse las calles. El caso es que yo siempre disfruto andando y viendo en vivo lo que he visto en foto o en una película o en la tele muchísimas veces, y sentir ese dejavu, esa sensación de haber estado antes aunque sea la primera vez. Y luego perderse por otras zonas menos televisadas o filmadas pero igual o más interesantes. Y descubrir lo genuino de la ciudad, a veces menos bonito, en términos estéticos, pero mucho más interesante y real. De todas formas a mi lo puramente estético no me llena completamente, mientras que lo cotidiano me interesa y me gusta mucho más.

Vivir en Madrid durante prácticamente toda mi vida me ha hecho querer salir de allí, ser testigo de como ha crecido, en exceso según mi opinión, ha hecho que sea menos habitable pero no menos visitable. Demasiada gente, demasiado ruido, y últimamente demasiada contaminación. El caso es que me gusta visitarla y siento curiosidad por saber como va cambiando. Cuando uno está dentro no se da cuenta, todo cambia progresivamente y uno se acostumbra casi sin notarlo. Visitar Madrid es algo que seguiré haciendo.

Ahora vivo cerca de Estocolmo, es una ciudad mucho más pequeña que las anteriores, no llega al millón de habitantes. A pesar de ello siento el mismo agobio que en ciudades más grandes, en las zonas turísticas y comerciales existe la misma aglomeración.

Hasta ahora había visitado las zonas más turísticas y conocidas. Estocolmo es una ciudad muy bonita. El casco viejo (Gamla Stan) es una maravilla arquitectónica, pero las zonas más modernas y vanguardistas también son fantásticas. A partir de ahora quiero visitar el resto de la ciudad y ver como es de verdad. Con estas primeras fotos panorámicas pretendo mostrar ese otro lado de la ciudad menos conocido pero igual de interesante. Es hora de salir del circuito turístico y perderse por los barrios.

En esta primera entrega he fotografiado zonas de la ciudad que ya conocía desde lugares que no conocía y que ofrecen vistas fantásticas y/o interesantes de la ciudad. En próximas entregas visitaré zonas menos famosas, las que no aparecen en las guías turísticas. Espero que el resultado os guste. Yo disfruté mucho, a pesar de las agujetas de hoy, del paseo de ayer.

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Paseo y fotografía.

Después de una corta visita a Madrid a primeros de noviembre por el cumpleaños de mi madre y después de visitar a la familia (no me ha dado tiempo a más) me he dado cuenta de algo que aunque ya sabía nunca había visto desde la perspectiva de la distancia y que nunca había comparado de una forma tan directa como ahora. El Ruido (ruido con mayúsculas, sí) algo de lo que andan sobrados en Madrid.

Cuando vivía allí también me molestaba bastante y cuando viajaba a otro lugar, menos densamente poblado por humanos y vehículos a motor casi en la misma proporción, encontraba la anhelada paz que existe en el silencio. El sonido, algo claramente diferenciado del ruido, del aire en las ramas de los árboles, el agua de algún riachuelo corriendo, los pasos crujientes sobre la hojarasca caída y seca en otoño… Todo eso que doy por hecho ahora lo he hechado de menos en Madrid, y mucho. Después de vivir en Madrid “toda mi vida” y de creer ser un urbanita me he convertido al ruralismo.

Quizás no haya salas de cine donde yo vivo, es una lástima perderse todas esas maravillas de Hollywood, que le vamos a hacer. Cada mañana asisto a la premiere de los cantos de los pájaros y al sonido del viento, la lluvia, el sol, la nieve o lo que se tercie.

Una vez expuesto lo anterior, comentar que los paseos fotográficos y el subsiguiente resultado, las fotos, son mi forma de expresar mi mundo de fantasía e ilusión, para mí mis fotografías son relatos que compongo con imágenes y que dicen todo lo que yo quiero expresar aunque sin palabras. Ya, de vez en cuando suelto una parrafada de éstas y me quedó más ancho que largo. Pero para escribir tengo que esperar al momento oportuno, a tener algo que decir.

Con la fotografía es diferente, siempre que miro veo algo. No necesito pensar en lo que quiero fotografiar. Tan sólo necesito la cámara y calzado cómodo. La escena es siempre (excepto cuando fotografió bodegones en casa que requieren cierta preparación) fruto de la casualidad, la casualidad de tomar un camino u otro.

Hoy, por ejemplo, he ido a un lugar que hace mucho que no iba. Este es el resultado. Espero que os guste. Besos.

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Las siguientes las hice hace varias semanas cuando el otoño ofrecía todo el colorido que se supone en esta estación.

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El bosque.

A algunas personas les gusta la playa, a otras la montaña. A mí me gusta el bosque, cerca de la playa o cerca de la montaña, eso da igual, mientras halla un bosque cerca en mi cara permanecerá una sonrisa. Puedo pasear acompañado, eso no es problema, pero lo que más me gusta es pasear sólo, ensimismado en mis pensamientos. Estar en el bosque es como practicar meditación. El silencio, casi completo en invierno. El bullicio de la primavera. El color del otoño. Y la luz del verano. En el bosque siempre encuentro la paz que necesito para encontrarme a mi mismo. Me resulta tremendamente fácil aislarme del mundanal ruido y concentrarme en mis pensamientos. El tiempo se detiene y  disfruto lo que este haciendo cada momento. Si paseo, disfruto del paseo. Si fotografío, disfruto de la fotografía. Si contemplo, disfruto de lo que miro. Y siempre, siempre puedo vaciar mi mente y reponer la energía necesaria para el día a día.

También al pasear me acuerdo de las personas a las que quiero y hecho de menos. De vez en cuando imaginó que paseo con alguno de ellos y así les hecho de menos un poco de menos. Recreo las conversaciones que tenemos a través del correo electrónico, videoconferencia, etc. Es mi forma de recordar a las personas que quiero aunque algunas no estén cerca.

El bosque, siempre el bosque. Tan a gusto a la sombra en verano como resguardado de la lluvia en otoño.

Mi amor por el bosque tengo que agradecérselo a mi hermano Manolo, él fue quien despertó en mi el amor por la naturaleza y, sobre todo, por los árboles. Él, que a pesar de vivir en una gran ciudad, ha sido capaz de construir su propio bosque en casa. Decenas de arbolitos (bonsái) adornan gran parte de su casa. Su bosque, aunque en miniatura, también le sirve para meditar y olvidarse del mundanal ruido.

Este post va por ti hermano.

También he desarrollado un gusto particular por las imágenes panorámicas (una imagen compuesta por varias fotografías). Aquí dejo algunos ejemplos de mis últimos trabajos. Espero que sintáis parte de la calma y el silencio que yo siento al hacer estas fotografías y que  paseéis conmigo por estos bosques.

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El final del verano.

Por aquí ya empezamos a notar que el verano está llegando a su final. Los días son menos cálidos y por las noches empieza a refrescar, más. Las hojas de los árboles comienzan tímidamente a cambiar del verde a los rojos, naranjas, ocres… Despacio, sin pausa pero sin prisa, el otoño se adueñará del paisaje sin que nos demos cuenta. Antes de que eso ocurra y saque mi cámara de paseo para almacenar unas cuantas imágenes otoñales, quiero enseñaros las imágenes que he capturado este verano.

Ya sé que hace tiempo que no público nada, pero entre el curso de sueco (que acabó en junio, caramba! Cómo pasa el tiempo!) y los dos últimos meses liados con el trabajo, pues he salido menos a fotografiar y he dejado de lado este blog. Ya es hora de retomar esta actividad. Sé que tengo seguidores ávidos de lectura, para ellos va dedicada esta entrada del blog.

De momento publicaré fotos de un fin de semana en casa de unos amigos y fotos de flores silvestres, un tema que me apasiona.

El fin de semana que estuvimos en casa de estos amigos, una casa de campo con un fantástico y amplio jardín, disfrutamos de un par de días relajados en medio de la naturaleza.

El sábado visitamos un mercado medieval y pudimos ver un torneo de caballeros ( en el siglo XXI los caballeros son tanto hombres como mujeres, no podría ser de otra manera) además de bufones, saltimbanquis y un mercado lleno de artesanía vikinga, muchas hachas, espadas, escudos, Tor, Odin, etc. Pero también ropa, joyas, comida…

Al día siguiente, después de desayunar, pregunté a los dueños de la casa si les podía ayudar en algo y sí, así fue. En menos que canta un gallo estaba pertrechado con todos los elementos necesarios para desbrozar un trozo de parcela que las malas yerbas habían conquistado. Armado con mi máquina reconquisté el terreno, las malas yerbas ofrecieron poca resistencia ante el poder de mi máquina… de gasolina y bastante potente por cierto.

El caso es que me gustó mucho trabajar al aire libre. Me gustó mucho hechar una mano a los fantásticos anfitriones. Y me gustó mucho sentirme integrado. No es que me sienta desplazado, ni mucho menos, pero cada vez me siento más integrado en esta sociedad.

El siguiente escalón es el idioma, aunque me defiendo bastante bien, todavía me queda mucho para poder expresarme con fluidez y hablar de todos los temas que me interesan, para trabajar y para la vida diaria me apañó, pero si surge una conversación más trascendental tengo que recurrir al inglés.

Os contaré una anécdota con respecto al idioma. En todos los idiomas hay palabras que se parecen pero que significan cosas muy distintas. Por ejemplo, en sueco las palabras ” kyssa” y “kissa” aunque se parecen bastante al verlas escritas tienen una pronunciación diferente y un significado muy distinto. La primera significa besar, la segunda quiere decir hacer pis. Un día hablando con Mia le dije que quería un beso pero utilicé la segunda palabra. Nada más decir la frase ella me miró muy sorprendida y después, cuando entendió que me había equivocado, empezó a reírse, cuanto más reía más me sonrojaba yo, hasta que al final reí yo también.

La única forma de aprender es errando.

Empezaré con las fotos del fin de semana, primero el torneo.

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Si, el caballero rojo usó su pierna ortopédica, los demás usaron sus espadones, para destrozar un par de melones.

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En efecto, el caballero negro, mi favorito desde pequeño, es una mujer. Era una de los mejores.

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Lo dicho, vikingos por todas partes. Un evento familiar y pacífico a pesar de las armas… de madera.

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Y, para mí, los mejores fueron este grupo de bufones. Un grupo de teatro multidisciplinar (actores, magos, saltimbanquis, tragafuegos, malabaristas, cuentacuentos) que actuaron antes del torneo con un espectáculo muy divertido, y más tarde durante el torneo no dejaron de animar al público.

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También aparecieron por allí este espadachín y estas damas barrocas. Había una exposición en un palacio cercano donde se mostraba en que consistía un banquete real durante el barroco. Había expuestos vajillas, cubiertos, cristalería y los interminables menús de trece platos que se servían a propósito de ese tipo de banquete. A pesar del salto en el tiempo, estos personajes no pudieron resistirse a contemplar parte del torneo medieval.

A continuación las fotos del jardín.

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Después de trabajar hay que reponer fuerzas.

Días y también posó para la ocasión.

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Aunque se aburrió pronto.

Y ahora las fotos de las flores. Me encanta la luz de este lugar.

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Espero que os haya gustado. Hasta la próxima publicación!

Dedicado especialmente y con mucho cariño a mi tía Matilde.

Primavera.

Ya esta aquí la primavera!

Una primavera como dios manda, tiempo revuelto, ora frío (por la mañana) ora calor (en las horas centrales del día). Dependiendo a que hora tenga que salir de casa tengo que ponerme bien el abrigo, bien el polar, bien una chaqueta, bien una camiseta. Temprano, a eso de las siete de la mañana, iba a decir cuando amanece pero aquí amanece a las cuatro de la mañana y como comprenderéis no son horas, suele haber entre 8-10° C. A eso de las 11:00 alrededor de 14°C. Y los días que no está nublado y luce el sol tenemos 18°C a eso de las dos de la tarde.

Ahora mismo, martes 12 de mayo a las 13:42 horas, está nublado y el termómetro marca 14°C. Sopla una suave brisa aunque aquí el viento es frío, incluso en un típicamente cálido día de verano a 30°C al sol, el viento que sopla es fresco. Si nos acercamos a la orilla del lago la temperatura baja instantáneamente un par de grados. Una vez que estamos situados en cuanto a la benevolencia del clima sueco, debo decir que la primavera se nota en todos los rincones, bueno quizás no en todos los rincones porque muy al norte sigue nevando, a veces incluso en verano.

Como iba diciendo en la zona donde vivo se nota la primavera en todos los rincones. La hierba vuelve a estar verde, el tono amarillento que adopta en invierno no es muy atractivo, menos mal que la mayoría del tiempo está cubierta por nieve. Los pajarillos cantan al amanecer, ¿he comentado que amanece a las 04:00 de la mañana? Pues eso. Y las flores crean una preciosa alfombra que cubre la superficie del bosque y las zonas ajardinadas, tan abundantes en todo el vecindario. Y eso, de las flores, es de lo que quería hablaros. Es realmente difícil fotografiar flores en el exterior, la brisa además de fresca, cosa que agradezco mucho personalmente, es casi constante y hace que todo lo que no esta firmemente anclado al suelo se mueva. Las flores en la dramas de los árboles e incluso las que están a ras de suelo se vuelven objetos difíciles de fotografiar, se convierten en un reto.

A mi me gustan los retos, así que cuando salgo a pasear y veo flores que me gusta fotografiar me armo de paciencia y espero el momento oportuno para capturar la imagen que deseo. A veces tardo un poco mas de la cuenta, si el viento es muy fuerte no hay manera y desisto, sigo paseando y quizás a la vuelta lo vuelvo a intentar. Con viento racheado es mas fácil si se tiene paciencia, es cuestión de esperar justo el momento entre dos rachas de viento y justo cuando la rama o la flor se paran, a veces solamente un cortísimo instante, hago la foto o las fotos, y con un pelín de suerte hay alguna que sale enfocada. Es un ejercicio de paciencia, rozando la meditación, esto de hacer fotos cuando sopla viento y los objetos se mueven con éste. Cuento todo esto a propósito de las fotos que quiero mostrarnos hoy y que he tomado cuando la dulce y fresca, y constante, brisa soplaba.

Espero que os gusten.

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A veces fotografío flores en casa, mucho más tranquilo que en exteriores aunque menos apasionante pero igual de gratificante. Me explico, en casa el reto del viento no existe pero tengo el reto de la luz, yo fotografío casi siempre con luz natural, que es también muy estimulante. Cuando consigo un resultado que considero satisfactorio es igualmente gratificante. Un par de ejemplos de fotos hechas en la cocina de casa, la cocina es mi improvisado estudio.

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Y para terminar unas fotos del bosque. Aquí he utilizado varias fotos para construir estas imágenes panorámicas, últimamente estoy practicando la técnica de combinar varias imágenes para obtener una imagen panorámica que de otra forma no podría conseguir.

Una de las cosas que mas me gusta de la zona en la que vivo es la abundancia de árboles. Me gusta mucho pasear por el bosque y escuchar la voz de los árboles, hablan cuando el viento sopla y a mi me encanta escucharlos, otra forma de relajación y meditación. Aunque aquí los arboles hablan por los codos, ya sabéis el viento sopla casi constantemente.

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Mercado medieval en Estocolmo. Medeltidsmarknad i Stockholm.

El pasado fin de semana se celebró un mercado medieval en uno de los lugares más conocidos de Estocolmo, “kungsträdgården”, y lo visité acompañado de un par de amigos, Lukasz y P-G, los tres formamos parte de un foto grupo y hacemos un par de salidas al mes para fotografiar y hablar de lo que nos apasiona. Esta vez el escenario fue el mercado medieval, siendo sincero tengo que admitir que en Estocolmo me esperaba algo más “vikingo” pero fue solo medieval.

Sabado, 12:00, primavera, el cielo estaba despejado y no había ni una nube en el cielo, 7°C, primavera nórdica. El caso es que la zona estaba bastante concurrida pero sin llegar a ser agobiante. A un lado de la plaza la gente disfrutaba del sol y algunos chiquillos juegaban. Una escena urbana de lo mas normal.

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Al otro lado, el mercado medieval, vecinos, turistas, caballeros, juglares, saltimbanquis, bellas damas y fornidos herreros. Todos en armonía, tuve un momento de confusión y no supe si había muchos viajeros del futuro en el siglo XII o varios personajes medievales teletransportados al  siglo XXI. Siempre me ocurre en este tipo de eventos donde dejo que mi fantasía vuele y me transporte a otros tiempos y lugares, eso si, todo civilizado y organizado, como tiene que ser. Al final de la jornada estos fueron los instantes que atrapé con mi cámara para compartirlos con todos vosotros y que, si queréis, voléis con vuestra imaginación a otros tiempos y/o espacios.

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